Identidad

HISTORIA INSTITUCIONAL

La Comunidad Marista nace en Quevedo en el año de 1965, tomando a cargo la Escuela Particular América, que anteriormente estuvo dirigida por la curia (parroquia San José),    con fecha de creación según Acuerdo N°   38 del 11 de junio de 1960,  dos Hermanos Maristas, quince profesores(as) y dos auxiliares, junto a quinientos ochenta y ocho niños, aplicando innovaciones metodológicas. En el año 1998 la escuela pasa a ser mixta, teniendo una gran aceptación por la ciudadanía quevedeña.

En 1972 se crea el Colegio América según el acuerdo ministerial N°  2015, en sus inicios solamente fue masculino y desde el año 1983, pasó a ser una institución mixta.

El 3 de  diciembre de  2010 se crea la Unidad Educativa Particular América, fecha en que la Dirección de Educación de Los Ríos, mediante resolución N°  401 resuelve:

Constituir en Unidad Educativa Particular América los niveles de Educación General Básica y el Bachillerato,  a partir del periodo lectivo 2011 – 2012.

El 27 de enero de 2016, con resolución N°  MINEDUC-CZ5-2016-00420-R, se aprueba el funcionamiento del Nivel de Educación Inicial, Subnivel 2, para dar atención a niñas y niños de  3 y 4 años de edad.

Durante estos 58 años  de vida institucional, la administración de la obra Marista en Quevedo ha estado a cargo de hermanos y seglares con la supervisión de la Agrupación Marista Ecuatoriana (AME).

El carisma Marista que hemos heredado de Marcelino Champagnat nos hace vivir el amor que Jesús y María tienen a cada uno, nos lleva a sentirnos receptivos y sensibles ante las realidades de nuestros tiempos y a profesar un sincero amor a la niñez y juventud, especialmente a los más necesitados.

Con este carisma Marista, nuestra institución cada año acoge a más y más niños y jóvenes en nuestras instalaciones educativas, para más adelante entregar a la sociedad quevedeña promociones de jóvenes bachilleres cuyo objetivo primordial es ser “Buenos cristianos y honrados ciudadanos”.

Somos una institución educativa, que se orienta por los principios de la pedagogía Marista al servicio de    la niñez y adolescencia de Quevedo, promueve el desarrollo humano integral a través de procesos pedagógicos innovadores en el marco de las teorías psicopedagógicas actuales y una educación evangelizadora, que forma buenos cristianos y virtuosos ciudadanos en procura de una sociedad justa, equitativa y solidaria.
La Unidad Educativa América en el 2020 será una institución que vivencie los valores evangélicos y Maristas, en el contexto de la excelencia educativa relacionada con los estándares e indicadores de calidad y acreditada en los más altos rangos de la educación ecuatoriana.
  1. Nuestro fundamento es la vivencia de los valores cristianos, siendo éste uno de los ejes principales de nuestro proceso educativo. Tenemos a Jesús como centro de nuestras vidas y vocación sintiéndonos inspirados por la misión de Marcelino Champagnat: “Dar a conocer a Jesucristo y hacerlo amar”, “Para educar bien a los niños hay que amarlos, y amarlos a todos por igual”-.
  2. Orientamos el corazón de la niñez y juventud a María, discípula perfecta de Cristo, y la hacemos conocer y amar, como camino que lleva a Jesús.
  3. El ser Marista implica hacer un servicio de evangelización, educando a los niños y jóvenes, en especial a los más necesitados. Evangelizamos educando y educamos evangelizando.
  4. Ofrecemos una educación religiosa estructurada y coherente. Iniciamos a los jóvenes en la vida sacramental y les ayudamos a insertarse en una comunidad eclesial, cimentada en Jesucristo, que es profética (anuncia y denuncia), santuario y comunidad fraterna.
  5. Nuestros destinatarios son el centro de intereses en todo lo que concierne a la vida de las obras maristas. Les ayudamos a adquirir conocimientos, a desarrollar sus capacidades y crecer en valores a través del descubrimiento de la naturaleza, de los demás, de sí mismos y de Dios.
  6. Siguiendo a Marcelino, animamos a los jóvenes a esforzarse por ser siempre mejores. Ellos han de ver que confiamos en su capacidad para avanzar y alcanzar metas. Al llevar adelante nuestra labor educativa, prestamos especial atención a los más débiles y vulnerables.
  7. Formamos buenos cristianos y virtuosos ciudadanos que se traduce hoy en hombres y mujeres que luchan por la justicia, por la defensa y el respeto de la vida, la libertad, que cultivan la paz, promueven una sociedad solidaria,… por ese motivo, educar con sentido marista es preparara para la vida, no grandes teorías, sino sentido práctico y creativo.
  8. Consideramos a la persona como un ser trascendente que se realiza plenamente en el seguimiento de Jesús, que llama a todos al amor, a la santidad y a la plenitud de la vida.
  9. Creemos que la familia es la primera educadora de los hijos, a la que acompañamos, ofreciéndole medios y oportunidades para que asuma su misión formativa de armonizar fe, cultura y vida.

La Unidad Educativa América, consciente de la responsabilidad social que tiene, asume la formación en la práctica de valores como uno de los ejes más importantes del proceso educativo.

Desde las perspectivas del Evangelio, todo valor aparece como una expresión específica del amor, que se adecua a las diversas situaciones humanas. Promover los valores es humanizar y humanizar, es la tarea misma de la educación.

Los valores constituyen un elemento central de la educación para la vida. Desde esta óptica consideramos los siguientes:

SOLIDARIDAD

Estamos atentos a lo que le sucede al prójimo y nos comprometemos para ayudarle en la medida de nuestras posibilidades. “Defendemos los derechos de los demás y al tomar decisiones estamos atentos a las necesidades y las circunstancias de las personas”. Compartimos nuestros bienes, tiempo, conocimientos y cualidades sin esperar recompensa.

PRESENCIA

Este valor expresa uno de los rasgos propios de la educación de inspiración marista. Se funda en la convicción de que la confianza surge del conocimiento mutuo entre las personas.

Son exigencias de este valor el desarrollo de la capacidad de escuchar, el esfuerzo por conocer en profundidad la singularidad del otro y la disposición de tiempo para relacionarse con calidez y espontaneidad. Implica conocer integralmente al estudiante  y acompañarlo en las diversas facetas de su vida: el estudio, el tiempo libre, el deporte, la cultura y los grupos de pertenencia. Implica además un estilo de atención prudente, firme y exigente.

ESPÍRITU MARIANO

Este valor es un rasgo identificador que motiva e inspira las actitudes y labores formativas de nuestra institución. María es expresión de amor a Dios y a la vida, es modelo de mujer, esposa y madre. Su persona encarna la fidelidad, la entrega generosa, el cuidado por cada uno, la confianza y la sencillez. En el diario vivir de la Unidad educativa Marista  se hace referencia permanente a su persona, a fin de imitar su actitud maternal, su paciencia y su respeto por el ritmo de crecimiento de cada uno. Se tiene presente a María en la oración, en la liturgia, en los espacios físicos y en todas las actividades que se desarrollan.

PARTICIPACIÓN

A la luz de este valor se reconocen y promueven diversas instancias de animación y participación que ofrece nuestra institución. Cada persona es invitada a formar parte de la obra educativa marista y a aportar con generosidad los dones y talentos que dispone. Ello supone que cada uno reconoce el ámbito propio de sus atribuciones y se compromete de manera activa y responsable en su desempeño. En el ejercicio de las labores que son encomendadas, cada uno promueve la búsqueda del bien común, armonizando las necesidades e intereses personales e institucionales.

AMOR

Hacemos nuestro el pensamiento de Marcelino Champagnat “para educar a los niños hay que amarlos y amarlos a todos por igual” Educamos a niños y jóvenes bajo esta concepción del amor que implica reconocer y aceptar al educando tal cual es y no como nos gustaría que fuera, porque sólo conociendo y aceptando sus valores y sus defectos, sus aptitudes y  sus carencias propenderemos a potenciar y desarrollar los primeros y a corregir y a enderezar los segundos. Inherente a este valor están el respeto y responsabilidad valores que  sustentan las relaciones humanas con dignidad y profundidad.

JUSTICIA

Concebimos la justicia como exigencia de la dignidad e igualdad de todas las personas. Valorando  equitativamente el trabajo de los alumnos  de  acuerdo  con  su   realidad, esfuerzo personal, etc., desterrando discriminaciones o privilegios. Provocando la reflexión crítica sobre la realidad de la injusticia en la sociedad, para que nadie sea manipulado ni cómplice por la indiferencia o el silencio.

EQUIDAD

Promovemos la equidad como valor primordial en las relaciones interpersonales, pues nos permite trazar acciones dirigidas a aumentar y fortalecer la igualdad entre los seres humanos para construir sociedades justas. Esto supone que más allá de cualquier diferencia racial, sexual, cultural, psicológica, generacional o de cualquier otro tipo, ”todas las personas tenemos en común el hecho de ser humanos, razón por la cual nadie es más humano que otro, ni tiene más derecho que otro a vivir humanamente.”

SENCILLEZ

Ser sencillo implica ser y manifestarse tal cual uno es, auténtico, sin doblez. Animamos a nuestros estudiantes para que adopten la sencillez como un valor para sus propias vidas, animándoles a ser ellos mismos en cada situación, a ser abiertos y sinceros, y fuertes en sus convicciones, cargados de un dinamismo espontáneo y generoso que invita a lanzarse, entregarse y colaborar. A la SENCILLEZ añadimos HUMILDAD Y MODESTIA componiendo así el símbolo de las tres violetas de la tradición marista: Dejando que Dios actúe a través de nosotros y “haciendo el bien sin ruido”

TRABAJO

Este valor es un aspecto distintivo del carisma educativo marista y son expresión de ello el cumplimiento del deber, la responsabilidad, la laboriosidad, la constancia y el sentido práctico. Desde esta comprensión del valor adquiere dignidad, sentido y profundidad el esfuerzo que pone el hombre en la realización de sus tareas así como la postergación de la gratificación inmediata. Este valor da sentido a la adquisición de métodos y hábitos de trabajo, la valoración del tiempo y el empleo de los bienes y recursos disponibles.

ESPÍRITU DE FAMILIA

Nuestro espíritu de familia encuentra su modelo en el hogar de Nazaret. El gran deseo y la herencia del Padre Champagnat es que nos relacionemos los unos con los otros como miembros de una familia que se ama. Todos han de sentir que están en casa cuando vienen a nosotros. En la institución debe prevalecer el espíritu de acogida, aceptación y pertenencia, de manera que todos se sientan valorados y apreciados, cualquiera que sea su función o posición social.

INCLUSIÓN

En nuestra institución la inclusión es un enfoque que responde positivamente a la diversidad de las personas y a las diferencias individuales, entendiendo que la diversidad no es un problema, sino una oportunidad para el enriquecimiento del proceso enseñanza- aprendizaje y por ende de  la vida escolar, coadyuvando así a la construcción de una sociedad con igualdad de derechos, dignidad y deberes básicos en las interrelaciones personales.

LIBERTAD

Este valor lleva inherente que educadores y  alumnos interactuemos como personas respetuosas de la libertad de los demás, creando  un clima de diálogo que favorezca la libre expresión, pensando por sí mismos y actuando por propia convicción, relacionándose en una sana convivencia.